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Italia y Francia en caravana: 24 días por Roma, Florencia, Venecia, Gardaland, Cinque Terre y Mónaco

Una ruta de 24 días en familia empezando con el coche y la caravana dentro de un ferry hasta Roma,
recorriendo después Florencia, Pisa, Venecia, Gardaland y Cinque Terre antes de entrar en Francia por la
Costa Azul y terminar las vacaciones en Pirate World.

Hay viajes que empiezan cuando enganchas la caravana al coche y sales de casa. Este empezó realmente unas horas después, cuando me vi en el puerto de Barcelona esperando mi turno para meter por primera vez coche y caravana dentro de un ferry rumbo a Italia. Era nuestra primera experiencia en barco y, para complicarlo un poco más, no íbamos precisamente con un coche solo. Durante las semanas anteriores me habían surgido todas las preguntas posibles: si el coche tocaría abajo al entrar, si las rampas serían muy pronunciadas, si habría espacio suficiente para maniobrar con la caravana, qué tendría que desconectar para no quedarme sin batería o si nuestra estación de energía aguantaría alimentando el frigorífico durante toda la travesía.

Al final resultó ser muchísimo más sencillo de lo que había imaginado.

Y así empezó una ruta de 24 días por Italia y Francia en caravana, pasando por siete campings y con etapas en Roma, Florencia, Pisa, Venecia, Gardaland, Cinque Terre y Mónaco. Una ruta bastante intensa al principio y cada vez más relajada según avanzaban los días, aunque también hubo planes que descartamos, sitios que nos sorprendieron muchísimo y algún camping al que, directamente, no volvería con la caravana.

De Barcelona a Roma con la caravana dentro del ferry

Fuimos con Grimaldi Lines desde Barcelona hasta Civitavecchia, en una travesía prevista de unas 22 horas. La recomendación era estar en el puerto unas dos horas antes y nosotros, por aquello de ser la primera vez y llevar la caravana, llegamos con tres. Aun así ya había cola.

Una vez dentro del puerto todo fue bastante sencillo. Te van indicando dónde colocarte, esperas tu turno y cuando llegó el nuestro empezó esa parte que tantos quebraderos de cabeza me había dado desde casa.

Entré al barco, subí una pequeña rampa y, en cuanto vi la bodega, se me quitaron prácticamente todoslos temores. Aquello era enorme. Había espacio de sobra para maniobrar, dar la vuelta y dejar correctamente colocado todo el conjunto.

Desenganché eléctricamente la caravana del coche y conecté el frigorífico a la estación de energía que habíamos comprado el año anterior. Fue una de esas pequeñas pruebas que quieres hacer en un viaje así y salió mejor de lo esperado: después de prácticamente toda la travesía manteniendo el frigorífico todavía le quedaba aproximadamente la mitad de la batería.

Dentro del ferry llevábamos camarote familiar y la travesía fue cómoda. Había incluso una pequeña piscina que vino fenomenal para entretener a los niños.
La parte mejorable fue la limpieza. Tanto en el camarote como en algunas zonas comunes se notaba bastante el trote de la temporada alta. La sensación era que el barco iba tan lleno y con tanta rotación que el personal apenas tenía tiempo entre unos pasajeros y los siguientes.

Pero como primera experiencia metiendo una caravana en un ferry me quedé con justo lo contrario de lo que esperaba: había llegado preocupado por las maniobras y terminé pensando que probablemente repetiría sin demasiados nervios.
Y lo mejor era desembarcar al día siguiente en Italia con la casa detrás.

Roma, Florencia y Venecia: tres ciudades y el coche sin moverse

Los primeros días de la ruta tenían bastante intensidad. Queríamos visitar Roma, Florencia y Venecia, pero teníamos una condición bastante clara: una vez instalada la caravana, si podíamos evitar coger el coche para entrar a las grandes ciudades, mucho mejor. Ahí funcionaron especialmente bien los tres primeros campings.

hu Roma Camping in Town en Roma

Pasamos tres días en Roma y elegimos el hu Roma Camping in Town principalmente por su ubicación.

Es un camping muy cuidado, con baños amplios y limpios, piscina grande —que en julio agradecimos muchísimo—, restaurante con animación por la noche y un pequeño supermercado interior bastante caro. Pero para mí su mayor valor no está dentro del camping. Justo enfrente hay un supermercado grande con precios normales y prácticamente en la puerta tienes la parada de autobús para enlazar con el transporte público de Roma. Junto a recepción también puedes comprar billetes, coger mapas y resolver las dudas típicas del primer día.

En temporada alta las parcelas me parecieron caras para lo que son. Al final, físicamente, lo que estás alquilando sigue siendo un trozo de terreno donde colocar la caravana. Buena parte de lo que pagas aquí es la comodidad de poder visitar Roma sin tocar el coche.

Y eso a nosotros nos funcionó. Dividimos Roma en dos días, madrugando mucho y evitando en lo posible las horas peores. Un día hicimos la parte de Plaza de España, Fontana di Trevi, Panteón, Piazza Navona y Vaticano. El segundo lo dedicamos al Palatino, Foro Romano, Coliseo y la zona imperial.

La planificación funcionó prácticamente como estaba prevista. Lo que no podíamos controlar era la ola de calor.

A mediodía Roma estaba abarrotada y andar con niños bajo ese calor podía convertir una visita preciosa en algo bastante pesado, así que llevábamos muy claro que no íbamos allí a completar una lista a cualquier precio.

hu Firenze Camping in Town en Florencia.

Después estuvimos cuatro días en Florencia en el hu Firenze Camping in Town. Comparte bastante filosofía con el de Roma, aunque este me pareció algo mejor en instalaciones.

Es un camping que se nota muy construido desde cero: parcelas planas, calles perfectamente
delimitadas y todo bastante ordenado. No tiene esa sensación de camping que ha ido creciendo dentro de un pinar o adaptándose al terreno; aquí parece que primero se diseñó todo y después se construyó.
Tiene tres piscinas diferenciadas, una infantil, otra más general y otra algo más tranquila, y nuevamente unos bloques de baños muy amplios y cuidados.

Pero otra vez lo mejor fue dejar el coche quieto. El autobús pasa junto al camping y nos permitió entrar directamente en Florencia. Nuestra forma de visitar la ciudad fue exactamente la que mejor nos estaba funcionando durante aquella ola de calor: a las ocho de la mañana ya estábamos en marcha.
Recorrimos la zona del Duomo, Piazza della Signoria, Ponte Vecchio y los principales puntos que llevábamos previstos, pero antes de que las calles empezaran a hacerse insoportables por calor y cantidad de gente ya estábamos pensando en volver.

Y no me arrepiento.

Regresar al camping, comer tranquilos en nuestra parcela, descansar y pasar la tarde en la piscina también formaba parte de las vacaciones.

Desde aquí hicimos además una excursión muy concreta a Pisa.
No pretendíamos conocer toda la ciudad. Queríamos ver la Torre de Pisa porque nos hacía ilusión a los cuatro y fuimos prácticamente a eso.

Desde Florencia tardamos alrededor de una hora por una autovía de peaje cuyo estado, sinceramente, me sorprendió bastante para mal. El peaje fue pequeño y al llegar dejamos el coche en un aparcamiento próximo a la torre por aproximadamente dos euros la hora.
El gran acierto fue ir al final de la tarde.

En plena temporada alta esperaba encontrar aquello completamente colapsado y, sin embargo,. llegando cuando el sol ya empezaba a caer pudimos estar muchísimo más tranquilos de lo que imaginábamos.

Camping Rialto y Venecia

Con el Camping Rialto cambiamos completamente de estilo. Después de dos campings HU bastante estandarizados, el Rialto me recordó mucho más al camping de toda la vida. Más familiar, menos automatizado, con sus cosas buenas y también con cierto desorden que en las grandes cadenas normalmente está mucho más controlado.

Lo elegí después de verlo en un vídeo de Brico Caravan Torrico, cuyas recomendaciones suelo tener bastante en cuenta por las explicaciones que hace de cada camping tanto en su cuenta de Youtuve como en su cuenta de Instagram, y una vez más su recomendación fue acertada y por ubicación fue un acierto.

Tiene un Lidl prácticamente enfrente y autobús directo a Venecia en la puerta. En pocos minutos estás en Piazzale Roma y desde allí no necesitas absolutamente nada más que tus piernas o un vaporetto. 

Cambiar de parcela allí no supuso ningún problema. De hecho, parecía que mientras una estuviera libre tampoco había demasiada rigidez con aquello de pequeña, mediana o grande. La otra cara de esa flexibilidad apareció en plena temporada alta. Justo enfrente de nosotros se instaló un grupo enorme de adolescentes con sus monitores, todos concentrados en muy poco espacio. 

El camping estaba aprovechado al máximo y eso se notaba en la piscina y especialmente en las duchas, donde llegamos a encontrar colas.

La electricidad también era limitada, 6 amperios, así que combinar aire acondicionado con determinados aparatos no era viable. Una vez más nuestra estación de energía nos sacó del apuro. Aun con esas cosas, si volviera a Venecia seguramente repetiría. Nuestra visita salió redonda: autobús temprano hasta Piazzale Roma y desde allí simplemente andar, cruzar canales, ir buscando el Puente de Rialto, continuar hasta San Marcos, tomar un helado y perderse un poco sin convertir Venecia en una carrera.

Para volver cogimos el vaporetto por el Gran Canal hasta Piazzale Roma. Después de varias horas andando con los niños, sentarse y seguir viendo Venecia desde el agua fue posiblemente la mejor manera de terminar el día.

Agricamping Corte Pianton y Parque de atracciones Gardaland.

Desde Venecia hicimos la etapa más corta del viaje, unos 130 kilómetros, hasta el Agricamping Corte Pianton, junto a Gardaland.

Y aquí llegó probablemente la mayor sorpresa de los siete campings.

Después de buscar durante meses campings conocidos, resorts, piscinas enormes y cadenas con todo tipo de servicios, yo esperaba que un agricamping fuera poco más que una pradera con unas pocas parcelas.

Para nuestra forma de viajar fue prácticamente un 10. Nosotros no necesitamos un camping con cinco restaurantes porque normalmente no cenamos en ellos. Tampoco hacemos grandes compras en sus supermercados y buena parte de las actividades ni las utilizamos. Lo que más valoramos es tener una buena parcela, electricidad en condiciones y buenos baños.
Y Corte Pianton lo clavó.

Tiene apenas una docena de parcelas, pero son enormes, separadas por setos altos y perfectamente cuidados. En la nuestra entraban caravana y coche y todavía sobraba espacio de sobra para montar un cenador si hubiéramos querido.

Lo mejor eran los baños: cada parcela tenía asignado su propio módulo privado, cerrado con llave y completamente nuevo. Desde la propia parcela además veíamos algunas atracciones de Gardaland. Estuvimos allí cuatro días y dedicamos dos al parque. Incluso en temporada alta no lo encontramos excesivamente masificado. Hacía muchísimo calor, pero se podía llevar bien y dos días nos parecieron suficientes para disfrutar del que se considera el parque de atracciones más grande de Italia.

La ubicación del camping nos permitió además hacer algo comodísimo: ir al parque, volver a la caravana para comer y descansar y regresar después. Originalmente habíamos dejado otro día para subir a los Dolomitas.
Finalmente no fuimos. Desde el camping la zona que estábamos mirando parecía relativamente cerca en kilómetros, pero entre carreteras, tráfico previsto, aparcamientos, teleféricos y la masificación de pleno verano, aquello empezó a tener cada vez menos sentido. Después de dos días intensos en Gardaland preferimos quedarnos descansando.

Y a día de hoy sigo pensando que fue una buena decisión.

No porque los Dolomitas no merezcan la pena, todo lo contrario. Precisamente por eso prefiero volver otro año, dedicarles el tiempo que merecen, elegir otra época y quizá plantear una ruta completamente diferente entrando desde Suiza.

A veces también hay que saber borrar cosas del planning.

Cinque Terre: cuando decides que ver menos es mejor.

Camping Mare Monti, cerca de Sestri Levante, no estaba realmente en la planificación inicial.
Nuestra idea era avanzar desde el Lago de Garda en dirección a Mónaco, pero encontrar algo que nos encajara en plena temporada alta empezó a resultar complicado. Fui buscando cada vez más atrás hasta acercarme prácticamente a Génova y acabamos incluyendo dos noches por esa zona. Ya que estábamos allí, decidimos conocer algo de Cinque Terre.

El camping fue probablemente el que menos sensación de descanso me dio durante toda la ruta.

Está situado en una zona con bastante desnivel. La carretera de llegada es estrecha y con curvas, la entrada no es especialmente generosa para maniobrar con una caravana y los coches aparcados alrededor tampoco ayudan demasiado. Nuestra parcela estaba bastante arriba, tenía cierta inclinación y colocar la caravana no fue precisamente llegar y soltar patas. Una vez instalados te acostumbras. 

Teníamos incluso grifo y lavadero en la parcela y los baños estaban justo enfrente, pero el ambiente era completamente distinto a los anteriores. Gran parte del camping estaba ocupada por bungalows o instalaciones fijas, cada una con su pequeño espacio montado alrededor.

Y allí descubrimos también uno de los sistemas de ducha más extraños que he visto.
Fuera de las duchas había un teclado en el que seleccionabas tu número y empezaba una cuenta de tiempo. Cuando se agotaba, se terminaba el agua. Si estabas todavía dentro, solo te quedaba esperar que algún alma caritativa pasara por fuera y volviera a pulsar tu número.

La piscina estaba bien, aunque era obligatorio utilizar gorro. Yo ya lo sabía y llevábamos el nuestro.
Muchos otros lo descubrían allí y terminaban comprando por unos cinco euros los gorros del camping, de modo que la piscina parecía por momentos un desfile publicitario de colores.

Para conocer Cinque Terre utilizamos el Marebus, la lanzadera del camping hasta la estación.
Existe y funciona, pero no fue tan cómoda como parecía sobre el papel. El recorrido son apenas unos kilómetros; el problema eran las esperas. Ir andando tampoco me parecía una opción razonable con niños porque hay bastante desnivel, curvas, prácticamente ningún arcén y tráfico. Una vez en la estación teníamos la posibilidad de comprar el pase para movernos por los cinco pueblos o billetes individuales. Nosotros elegimos Manarola.
Con el calor que hacía no veía ningún sentido a empeñarnos en subir y bajar del tren para decir que habíamos visto cinco pueblos en un día.
Y creo que acertamos.

El tren iba completamente abarrotado. Al llegar a Manarola incluso encontramos cola para atravesar el túnel bajo la vía. Dentro del pueblo seguía habiendo muchísima gente, aunque alejándonos un poco de los puntos más concurridos pudimos pasear mejor.

Fuimos hasta la panorámica típica, nos tomamos un helado, el famoso de limón de la zona, que personalmente no recomendaría, y regresamos. Después tocó otra espera larga para el Marebus hasta el camping.
La experiencia no fue la mejor del viaje, pero curiosamente Cinque Terre no quedó descartada. Más bien al contrario.

Me gustaría  conocer los cinco pueblos con mucha más calma. Quizá cinco días en lugar de uno, desde otra base y, de lo que estoy completamente seguro, fuera de los meses de mayor afluencia.

La Baume y Mónaco.

Desde Mare Monti hasta Camping La Baume, cerca de la Costa Azul, teníamos aproximadamente 350 kilómetros.

Sobre el papel era una etapa larga pero razonable. En la práctica, entre un tráfico enorme y unos peajes que se iban acumulando, terminamos tardando más de cinco horas.

Llegamos con ganas de dejar el coche quieto.
La Baume era uno de los dos campings finales que habíamos elegido pensando especialmente en los niños. Sobre el papel prometía muchísimo: gran parque acuático, actividades, noches temáticas, anfiteatro y un programa de esos que casi tienes que estudiar en el check-in porque es imposible hacerlo todo.

Y esta vez las fotos no engañaban.

Ya antes de viajar me habían advertido por correo que nuestra parcela estándar estaba pegada a la A8 y podía resultar ruidosa. Cuando un camping te avisa expresamente de algo así, automáticamente te imaginas lo peor.
En nuestro caso no fue ningún problema. También es verdad que en verano dormimos con la caravana cerrada y el aire acondicionado encendido, así que no puedo asegurar qué sensación tendría alguien durmiendo con todas las ventanas abiertas.

La recepción fue de las mejores de la ruta: espacio para dejar el conjunto, fila organizada, atención rápida y hasta una botella de vino de bienvenida.

La parcela estaba entre pinos, con muchísima sombra y fue muy sencilla de nivelar. Y después estaba el parque acuático.

Nada que envidiar a muchos complejos turísticos de grandes cadenas. La Baume además es enorme y está dividido en diferentes zonas. Por un lado está el camping y por otro una parte denominada La Villa, formada por casitas y bungalows como si fuera un pequeño pueblo, con otra gran zona de piscinas y toboganes.
Lo bueno es que podíamos utilizar indistintamente ambas áreas.

A pesar de ser posiblemente el camping más grande de toda la ruta, no tuve sensación de agobio porque todo estaba muy repartido.

Uno de los días cogimos el coche para ir a Mónaco, aproximadamente a 60 kilómetros.
Ya conocíamos el Principado, así que esta vez la visita era principalmente por los niños: querían ver deportivos, yates, el puerto y subir hasta el Palacio para asistir al cambio de guardia.

Aparcamos junto al puerto por aproximadamente tres euros la hora, hicimos nuestra visita y volvimos al camping antes de que el calor terminara de vencernos.

Aquí conviene tener cuidado con el teléfono. Mónaco está fuera de la Unión Europea y es fácil que el móvil se conecte a una red monegasca. Antes de utilizar datos merece la pena comprobar a qué red estás conectado y qué condiciones tiene tu operador, porque el roaming europeo no tiene por qué aplicarse igual.

Pirate World: un parque acuático en un camping que ha dejado de ser camping.

Los últimos cuatro días estaban pensados como el regalo final para los niños. 

Habíamos elegido Les Sables d’Or / Pirate World por las imágenes de su parque acuático. Solo viéndolo ya parecía una barbaridad.

Con el tiempo fui entendiendo que no era exactamente un camping con un parque acuático, sino un macrocomplejo que reúne hoteles y diferentes zonas de alojamiento alrededor de Pirate World.

Pero no fui consciente de hasta qué punto estaba orientado al bungalow hasta que aparecimos en recepción con el coche y la caravana. Había muchísima gente, coches entrando y saliendo y un stand de pre check-in junto a una calle bastante estrecha. Cuando llegamos con todo el conjunto no sabían muy bien dónde colocarnos.
Primero aquí. Después allí. Luego en una pequeña rotonda.

Hasta que finalmente apareció una persona de recepción que hablaba español y nos explicó algo que hizo que todo encajara: el camping tenía únicamente siete parcelas. Siete.
El resto eran prácticamente todo bungalows.

Nuestra parcela estaba muy alejada de las instalaciones principales. Era enorme, seguramente por encima de los cien metros cuadrados, pero daba la impresión de ser más un hueco pendiente de futuros bungalows que una zona realmente pensada para caravanistas.
No había una toma de agua cómoda próxima y para llenar tenía que apañarme con una manguera desde una boca de incendios. Los baños estaban tan lejos que llegué a coger el coche para ir a ducharme.
Después de siete campings y más de tres semanas viajando, aquello me pareció bastante revelador.

El complejo no estaba pensado para nosotros.
Y, sin embargo, Pirate World como parque acuático es una pasada.

Es el primero que he visto asociado a un camping con atracciones incluso del estilo de los rápidos de algunos parques acuáticos. Los toboganes no son especialmente extremos, pero la tematización pirata está muy trabajada y por momentos recuerda, a menor escala, a la ambientación de grandes parques temáticos.
Los niños lo disfrutaron muchísimo.

El problema vuelve a ser la temporada alta.
Además de los huéspedes de hoteles y campings, se venden entradas para pasar el día. Nosotros, como clientes estándar, podíamos entrar desde las 10:00 y esas primeras horas fueron buenísimas. A partir de las 11:30 empezaban a llegar los visitantes externos y poco a poco todo terminaba bastante saturado.

También existen diferentes categorías —standard, VIP, VIP Plus— con ventajas, horarios y zonas exclusivas. Es uno de esos lugares en los que siempre parece existir un siguiente nivel de servicio si estás dispuesto a pagar un más.

El primer día ni siquiera pudimos aprovechar el parque acuático como esperábamos: el check-in no se hacía antes de las 16:00 y el acceso de los clientes estándar en el parque acuatico terminaba alrededor de las 18:45.
En cambio, la playa, aproximadamente a un kilómetro, nos gustó mucho: arena fina, limpia, bastante espacio, agua agradable y poco oleaje.

Así terminamos la ruta.
Cuatro días sin grandes ciudades pendientes, sin obligación de visitar nada y dejando que los niños disfrutaran del parque acuático y de la playa.
¿Volvería a Pirate World?
Con niños, en bungalow y fuera de plena temporada alta, puedo entender perfectamente el atractivo. Con nuestra caravana, no.
No porque lo pasáramos mal, sino porque allí sentí que la parcela había dejado de ser parte importante del concepto de camping. Esas siete parcelas parecían casi el último recuerdo de lo que probablemente fue el complejo antes de llenarse de bungalows.

Cuánto cuesta una ruta de 24 días por Italia y Francia en caravana

El viaje terminó moviéndose más o menos dentro de lo que habíamos calculado antes de salir, aunque en una ruta de 24 días siempre aparecen cosas que empujan un poco el presupuesto hacia arriba. Haces una previsión de kilómetros, combustible, peajes y campings, pero luego llega la realidad: algún desplazamiento más de lo previsto, peajes que sorprenden por el precio y, en nuestro caso, un gasoil que en Italia llegamos a encontrar rondando los 2,50 euros el litro.

Precisamente el combustible fue probablemente lo que más me llamó la atención. Sabíamos perfectamente que arrastrando la caravana el consumo iba a subir, eso ya lo teníamos asumido, pero no esperaba encontrarnos esos precios. Aquí agradecimos mucho haber planteado la ruta con campings desde los que pudiéramos visitar Roma, Florencia o Venecia sin mover el coche, porque además de comodidad al final también estás evitando combustible, tráfico y aparcamientos.

Los campings fueron con diferencia una de las partidas más importantes, cerca de los 1.900 euros entre los siete. Si los miras únicamente como un sitio donde dejar la caravana y dormir, algunos son caros, eso está claro. Pero nosotros no los elegimos solo por la parcela. En muchos casos estábamos pagando una ubicación que nos permitía tener un autobús en la puerta, ir andando o movernos sin coche, y en los últimos días también buscábamos piscinas y parques acuáticos para que los niños tuvieran su parte de vacaciones.

Eso no significa que cuanto más caro sea el camping mejor vaya a ser la estancia. Después de esta ruta lo tengo todavía más claro. En plena temporada alta un gran resort puede tener unas instalaciones espectaculares y, al mismo tiempo, estar tan lleno que tengas que aprender a utilizarlo a determinadas horas para disfrutarlo de verdad. Y luego aparece un sitio como Corte Pianton, mucho más pequeño y sencillo, que para lo que nosotros necesitábamos junto a Gardaland fue prácticamente perfecto.

Si hay un gasto que volvería a asumir sin pensármelo demasiado es el ferry de Barcelona a Civitavecchia, que fueron algo más de 450 euros con coche, caravana y camarote para los cuatro. Puede parecer mucho cuando lo ves como una sola partida, pero para mí fue una de las mejores decisiones del viaje. Solo la vuelta terminó siendo una barbaridad de kilómetros por carreteras muy transitadas y cargadas de peajes. Si hubiéramos tenido que hacer también toda la ida por carretera, seguramente habríamos necesitado más días, más combustible, más noches intermedias y bastante más paciencia.

De hecho, después de haberlo probado, si volviera a plantear una ruta similar hacia Roma con la caravana, volvería a mirar el ferry como primera opción.

Gardaland, en cambio, me pareció bastante razonable dentro de lo que cuestan actualmente este tipo de parques. Fueron unos 240 euros para los cuatro durante dos días y no me pareció especialmente caro comparándolo con otros parques en los que hemos estado. Además, teniendo la caravana prácticamente enfrente podíamos volver a comer, descansar y rellenar bebidas sin depender durante todo el día de los precios del interior del parque.

Luego están los gastos pequeños, que evidentemente suman: autobuses, metro, vaporetto, parkings, trenes, helados, entradas… pero no son los que me hacen valorar si el viaje ha salido caro o barato. Son gastos que ya sabes que van a estar ahí.

Lo que sí me sorprendió en Italia, después de haber estado varias veces, fue esa sensación de que cada vez hay más cosas alrededor del turismo que antes eran gratuitas y ahora tienen algún tipo de coste. La Fontana di Trevi, el Panteón, los cambios en las entradas del Coliseo o ese suplemento turístico que encontramos en los trenes de Cinque Terre. Hay momentos en los que parece que pagas simplemente por estar en determinados sitios.

¿Se puede hacer esta misma ruta gastando menos? Claro.

Pero yo no intentaría ahorrar en todo. El ferry, el combustible, muchos peajes, el transporte público o determinadas entradas son gastos que difícilmente vas a poder eliminar si quieres hacer el mismo viaje. Donde sí hay bastante margen es en los campings.

Nosotros fuimos en plena temporada alta y elegimos varios resorts con buenas piscinas, parques acuáticos y ubicaciones muy concretas. Solo esa partida se llevó una parte enorme del presupuesto. Si el objetivo fuera reducir gastos, seguramente empezaría buscando campings más sencillos, sin grandes complejos acuáticos y quizá algo más alejados de las zonas turísticas.

También hay que poner 24 días en contexto. Son más de tres semanas viajando cuatro personas por Italia y Francia, cambiando de zona cada pocos días y visitando algunas de las ciudades más turísticas de Europa. Comparándolo con lo que puede costar alquilar durante ese mismo tiempo un apartamento en plena temporada alta en muchas zonas de España, las cifras empiezan a verse de otra manera.

Y tampoco compararía demasiado este viaje con nuestra ruta anterior por Francia. Allí visitábamos muchos pueblos y lugares más pequeños, mucho más sencillos de recorrer. En Italia nos metimos directamente en Roma, Florencia y Venecia, con distancias mayores, muchísimo turismo concentrado y una logística completamente diferente.

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